Museos de Terque: espacios con vida

Aperos para cargar barriles en Museo Terque

Antes de que las buenas temperaturas y la costa almeriense eclipsen cualquier otra opción de escapada por la provincia, propongo una visita al pequeño municipio de Terque (con apenas 500 habitantes) y en concreto a su anillo de museos: Museo Histórico Etnográfico; Museo de la Uva de Barco; Cueva de San José y Cueva de Anita Dolores. En este caso, hablaré de los dos primeros porque el horario de visita es muy reducido y me resultó imposible completar todo el recorrido. El Museo Etnográfico abre sábados, domingos y festivos de 12:00 a 14:00 y el resto de espacios de 13:00 a 14:00. En el primer centro, pueden transcurrir dos horas curioseando por sus salas sin apenas darnos cuenta, arriesgándonos a consumir el tiempo para el resto de sitios.

Tras pagar un precio simbólico de dos euros comenzamos el recorrido en el centro del municipio, en una casa típica burguesa de la Almería de finales del siglo XIX. Poner un pie en la entrada del domicilio es atravesar el umbral del tiempo y del espacio. La recopilación y puesta en valor de mobiliario, utensilios y enseres de otras épocas, nos permite trasladarnos a un pasado no muy lejano para conocer la historia reciente de nuestra provincia y las formas de vida de las personas de esa época.

Las dos plantas del Museo Etnográfico están organizadas en cinco áreas temáticas: Oficios, algunos ya desaparecidos, (donde encontramos mobiliario original de una farmacia, tienda de comestibles o estanco. Además hay expuestos toda una serie de herramientas y útiles relacionados con la economía de la uva, espartería, albañilería, panadería, agricultura, fragua, barbería, etc.); vida cotidiana (existe la reproducción auténtica de un aula a la que no le falta detalle, con material didáctico incluido. Encontramos una cocina con todo el menaje de la época y su despensa. Aperos de matanza, otros relacionados con las faenas del hogar como el lavadero. La emigración también tiene su espacio…); fiestas y ocio (hay una colección de juegos y juguetes. Fotografías y objetos que aluden al “jueves lardero”, cine, teatro, toros…); sucesos e historia (informaciones sobre las inundaciones del municipio o una carta manuscrita de Nicolás Salmerón…) y por último; religiosidad (ritos religiosos y funerarios). Resulta prácticamente imposible recoger y resumir en un texto todo el material que hay expuesto.

Para aquellos que tenemos en nuestra memoria las historias y vivencias contadas por padres, abuelos y personas de edad avanzada, estos objetos cobran vida y nos ayudan a darle forma a esos relatos, enriquecerlos y escenografiarlos mentalmente.

Después de esta experiencia, es el momento de visitar el Museo de la Uva de Barco, situado en el Teatro Municipal Manuel Galiana. Está a pocos metros del primer espacio, lo que nos permite dar un pequeño paseo por las calles de Terque, oportunidad para conocer mejor la arquitectura urbana del municipio y con la excusa de buscar la ubicación, preguntar a sus vecinos y conversar con ellos. Comprobando así lo implicados que están con estos centros y lo orgullosos de que en ellos se recuperen sus señas de identidad.

Una amplia muestra con paneles informativos nos permite conocer el impacto económico y social que tuvo en la provincia el cultivo y comercialización de la uva de mesa. Dos siglos de la historia reciente de nuestra Almería quedan impresos en este material divulgativo que nos habla de la cultura parralera: de las faenas en el campo; recolección; comercialización; exportación… Sin dejar, creo, un ámbito o sector implicado en el olvido.

Esta labor de recuperación, conservación y puesta en valor queda completada con la proyección continua del documental “Los Últimos Parraleros” en el cual se recogen los testimonios de aquellas personas de la comarca que fueron testigos y protagonistas de esa época, asistiendo a la desmantelación de lo que en su día fue motor económico de Almería. Tras escuchar sus declaraciones, la vuelta a casa se torna diferente: sus testimonios resuenan en tu cabeza y te permiten empatizar aún más con el territorio y sus gentes, pudiendo ver más allá de los parrales y huertas abandonadas que salen a tu paso para despedirte de este viaje al pasado.

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