Bacanal con Marcus Gabius Apicius en Abla

Romanos fingiendo que cocinan

Yo leí “menú romano, basado en el recetario de Marcus Gabius Apicius”. Y claro, con las desmedidas referencias que tengo sobre este gastrónomo del siglo I todo apuntaba a bacanal y excesos, con orgía de postre. Con esta idea me planté el pasado sábado 5 de octubre en Abla con el cuerpo hecho a comer lenguas de flamenco y cerebros de ruiseñor, llevando un paragüero para los vómitos y una caja de condones para las desinhibiciones finales. Nada más lejos…

Pasada la decepción inicial, me encontré realmente en un interesante taller de gastronomía romana, actividad incluida en las ‘Jornadas Romanas de Abla’ organizadas por el Instituto de Estudios Almerienses y el Ayuntamiento de la localidad con el objetivo de poner en valor el patrimonio histórico y arquitectónico de uno de los siete municipios romanos que existieron en la provincia de Almería.

Manolo Salas, fue el responsable de diseñar un menú basado en algunos de los platos recopilados por Apicio en el tratado gastronómico De Re Coquinaria, que es la referencia ineludible de la buena mesa de la antigua Roma y el primer libro de cocina del que existe constancia. Salas eligió platos sencillos, que pudieran ser del gusto de todos los asistentes y cuyos ingredientes fueran fáciles de encontrar.

La excepción, el garum, ese condimento a base de tripas de pescado fermentadas que los romanos usaban en un porcentaje escandaloso de recetas y que nuestro paladar no aceptaría hoy día. Se imitó el garum realizando un puré a base de anchoas y otros ingredientes muy Mediterráneos. Muchos de los ingredientes que vimos en Abla eran muy frecuentes en los guisos romanos de la época: miel, aceite de oliva, alcaparras, aceitunas negras, comino, cilantro, vino, queso…

En cualquier caso en Abla disfrutamos de un menú sencillito, muy alejado del surrealismo gastronómico que se recoge en las descripciones literarias de la época y que reflejaban los hábitos desmesurados, lujosos y derrochadores de los adinerados y poderosos del Imperio.

Este fue el Menú:

Gustatio (entremeses):

  • Olivaria patina (paté de aceitunas)
  • Caseus cum nucleis pineis (queso con piñones)
  • Caseus cum sesamo (queso con sésamo)
  • Caseus cum nucibus (queso con nueces)

Prima mensa (plato fuerte):

  • Porcellus laureatus garo addito (carne de cerdo con laurel y salsa garum)

Segunda mensa: postre

  • Mellaria placenta – Depstici (tortitas de miel)
  • Dulcia (bizcocho romano)

Potus (bebida)

  • Mulsum (mezcla fresca de vino y miel). El vino si que lo noté, pero a la miel no acabé de sacarle el sabor. Y eso que tomé unas cuantas copas para encontrar el gusto dulce…

Durante todo el almuerzo sonó música romana, y hasta contemplamos un bello y digestivo baile. Tras la parte hedonista de las jornadas, el remate final llegó con un taller de acuñación de moneda romana que concentró la atención de los asistentes. Todo el que quiso pudo elaborar y llevarse a casa una réplica de una moneda romana encontrada en yacimientos arqueológicos de la zona.

Esto fueron las dos actividades finales de unas jornadas romanas exquisitamente coordinadas por Antonio José Ortiz Ocaña que se alargaron durante tres días (dos en Almería y uno en Abla) que dejaron tan buen sabor de boca que ya se está pensando en una segunda edición.

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